AÑO XX
Agosto
2026
46
Lecturas

Beauty: entre la fascinación y el espanto

Silvia Elena Tendlarz

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Tiempo de lectura: 5 minutos

El siglo XXI comporta una idealización de la belleza. Afrodita, diosa griega de la belleza, de la sexualidad y del amor, también llamada Venus en la mitología romana, era una de las doce deidades olímpicas y se la representaba como una mujer hermosa. Era capaz de infundir pasión entre los hombres. En numerosas representaciones aparece ligeramente velada. Lo que muestra que el velo y el pudor no son independientes del efecto que produce la contemplación de esta diosa considerada como la más hermosa.

¿Qué pasa cuando el ideal de belleza pierde su dirección al otro y se vuelve una imagen que se debe alcanzar, dejando al propio cuerpo como resto de la imagen? ¿Qué sucede cuando el reverso de la imagen se vuelve la encarnación del horror?

Una película titulada La sustancia trata esta cuestión. Y, a continuación, la serie Belleza perfecta retoma este imperativo a lo bello, y lo vuelve una apología de la época: la belleza a cualquier precio, incluso hasta la destrucción.

La sustancia es una película dirigida por Coralie Fargeat estrenada en 2024. La trama sigue la vida de una celebridad en decadencia que es despedida por su edad. Bajo la presión social de juventud y belleza, consume un suero que le ofrecen en un laboratorio, que se obtiene en el mercado negro, crea una versión mucho “más joven, más hermosa, más perfecta” de sí misma. Cada siete días tiene que cambiar la conciencia entre los dos cuerpos sin excepción, mientras que el cuerpo inactivo permanece inconsciente. Cuando no lo hace, el cuerpo original comienza a envejecer de una manera rápida e irreversible. La película se vuelve una versión del doble y a pesar de ser una sola, el cuerpo original y su doble embellecida comienzan, Elisabeth y Sue, a odiarse en una tensión agresiva. Esto lleva a Sue, la doble, a permanecer durante meses hasta que debe volver a su cuerpo original para extraer luego el líquido estabilizador que necesita su cuerpo. Pero dado el tiempo transcurrido, Elisabeth se transforma en una anciana jorobada y deforme. Sue termina matándola e intenta armar una nueva versión rejuvenecida. En el final de la historia también ella y su doble mueren en un episodio violento y sangriento que produce horror en el espectador antes fascinado por la belleza.

Sin duda es una variación de El retrato de Dorian Gray. Esta vez no ya enmarcado en una imagen, sino con un doble que se independiza y produce la relación paranoide paradigmática de la época, incluso con ella misma, que las destruye a las dos.

Dos años después, 2026, aparece la serie The Beauty, Belleza perfecta, dirigida por Ryan Murphy, en la que dos agentes del FBI investigan un suero que convierte a las personas en jóvenes, bellas y con una versión perfecta de sí mismas, antes de finalmente matarlas haciéndolas explotar en forma sangrienta. La serie se vuelve así una trama policial que retoma la misma temática de La sustancia. Se basa en un comic con ese nombre publicado en Image Comics. En este caso, la transmisión es a través de una jeringa o por contacto sexual, y el atractivo físico oculta sus efectos secundarios letales. Esta forma de contaminación recuerda las enfermedades propias de la época que enferman a través de la belleza misma. Necesitan pues un suero para evitar morir a los dos años de la infección.

Surge entonces la pregunta de qué se está dispuesto a sacrificar para alcanzar el ideal de belleza a través de los tratamientos estéticos. Aunque lo que oculta en la transformación es su final que, como Narciso, se hunde y muere con la contemplación de su imagen.

En un nivel de análisis, lo que se muestra y se ve, lo visible, trata de completar la imagen de modo tal de obturar lo invisible, aquello que se vuelve su decadencia y su fin.

La pasión de lo bello muestra su costado de agresividad y de odio, y, en definitiva, la acción de la pulsión de muerte.

En otro nivel de análisis, el goce del cuerpo expresa su adoración, que Lacan denomina ego. El cuerpo queda afectado por la sustancia gozante y la imagen forma parte de ella.

El resto de la creencia de tener un cuerpo, a través de la imagen del cuerpo, son los procesos pulsionales que lo arrastran hacia el objeto a, en este caso la mirada, para que el cuerpo pueda gozarse de sí mismo a través del rodeo del Otro.

En La sustancia, finalmente, el goce se vuelve excesivo, las partes del cuerpo se desorganizan y ella se vuelve un monstruo.

En realidad, la imagen que fascina viene en el lugar de un agujero de la falla propia de la sexualidad a través de un semblante de belleza.

Frente al estallido de la imagen aparece lo real del goce en esta historia sin amor y con pasión por el propio cuerpo, que busca desentenderse de la carne del cuerpo y de su fugacidad, último bastión de la pulsión de muerte.

Este texto retoma consideraciones desarrolladas en el artículo Tendlarz, S., “El cuerpo y su imagen”, en Glaze, A. (comp.), El inconsciente frente al protocolo, Buenos Aires, Grama, 2026.

* Gonzalo Mainoldi