Junio 2006 • Año V
#12
Sala de lectura

Todo sobre las drogas

De Ernesto Sinatra

Luis Darío Salamone

Voy a empezar por la prehistoria de la clínica psicoanalítica con toxicomanías y alcoholismo en Argentina. Es difícil captar la importancia de una obra como la que presentamos sin tener noticias de ella. He sido un testigo privilegiado de la misma.

Me había interesado por la cuestión llevado de la mano de Mauricio Tarrab que, en lo que era el Simposio del Campo Freudiano, me había invitado a participar de un grupo de trabajo sobre adicciones.

Surgió la idea de realizar una actividad conjunta con otros analistas que estuvieran en el tema. Es la época en la que lo conocí a Ernesto.

Vino el movimiento hacia la Escuela y su fundación en 1992. El TyA, por entonces un grupo dedicado a trabajar las toxicomanías y el alcoholismo, se formó siguiendo los tiempos de la Escuela.

Atrás había quedado el rechazo de quienes, además de no ocuparse de este tipo de casos, negaban que los analistas tenían que hacerlo. Lo que les digo es literal. En una reunión del Simposio… donde presentamos un caso de Mauricio alguien del público se levantó, un analista de esa institución que luego lo fue de le EOL, y lo expresó claramente, dijo: "El psicoanálisis no está para eso".

Algunos pensaron exactamente lo contrario, inspirados en la invitación de Lacan de estar a la altura de la época, y fueron unos pocos quienes decidieron emprender un trabajo serio. Ernesto y Mauricio, junto con Daniel Sillitti, fueron los responsables designados por Miller para llevar adelante la empresa. Participé en cada unos de los espacios abiertos y no tardé en ser invitado a las reuniones que los directores del TyA tenían en "El Galeón…", un bar frente a Plaza Italia. Yo era más joven, que ellos y que ahora. Verlos no solo armar las actividades del seminario, de las jornadas, los libros, las revistas… sino tomar un punto del psicoanálisis y aplicarlo a la clínica con toxicomanías, son de los recuerdos más preciados que atesoro. Yo diría que contribuyó de manera decisiva a mi forma de ver, de palpitar, de encarar, de practicar el psicoanálisis.

Quizás sea lo más cerca que estuve de algo parecido a esa míticas reuniones que se realizaban los miércoles en el consultorio de Sigmund Freud. Allí se gestaba y desarrollaba el psicoanálisis; en "El Galeón…" se gestó y se desarrolló la práctica del psicoanálisis con toxicomanías y alcoholismo en Argentina.

Voy a parecer exagerado, pero antes del TyA no se sabía bien en Argentina qué era una toxicomanía, no había criterios psicoanalíticos para establecerlo. Si les parece exagerado tengan en cuenta que no se sabía si era una estructura, un síntoma o nada. Y los analistas lacanianos estábamos más cerca de este último punto. Pero una nada a la que había que hacerle frente.

En la página 104 de ¿Todo sobre las drogas? encuentran la orientación que se decidió en ese momento: "No atendemos a toxicómanos y/o alcohólicos. Solemos confrontarnos con la particular relación que un sujeto establece con una substancia de la que intenta extraer una satisfacción".

Un texto pionero de Jacques-Alain Miller fue el punto de partida. Judith Miller siempre apoyó el trabajo y Eric Laurent fue por años asesor del TyA.

Y en esa mesa de un café de Buenos Aires por vez primera escuché uno de los elementos fundamentales para trabajar en estos casos; se amasó -y quienes no trabajan con estos casos, no tienen idea de lo que eso implica- una idea que desde entonces orientó mi práctica: se subrayó la importancia de lo que se llamó la "función del tóxico"; cito a Ernesto en la página 114 de su libro : "De este modo dejamos de adscribirle un ser a una substancia que colectiviza individuos, para proceder a precisar el lugar que ocupa esa droga en la economía de goce de ese sujeto".

Y van a encontrar una pareja que da respuesta al por qué de la eficacia en estos casos del psicoanálisis. A la operación toxicómana se le opone la operación analítica. Mientras que la primera rechaza el inconsciente, la otra, como operación de la castración, espera hacerlo existir. Ernesto lo plantea así: se trata de pasar de la "positividad muda de la intoxicación a la cuestión del deseo, que se traduzca en términos de saber lo que la experiencia realiza como goce".

La importancia de poder elucidar estas cuestiones descansa sobre otros de los conceptos desarrollados: la cuestión de la toxicomanía generalizada. Y entonces van a ver que el interés de Ernesto por tratar cuestiones de nuestra época está lejos de reducirse a la problemática de las drogas. Porque comienza planteando la cuestión de la nerviosidad moderna y se refiere a la pasividad de los hombres en contraste con las nuevas matronas. Resulta interesante cómo trabaja los signos actuales de seducción y cómo se juega en la actualidad la desproporción entre los sexos. Y va poniendo en juego, a partir de estos signos de la época, qué hay de actual y qué hay de estructural en el asunto.

Esto para llegar a una expresión tan contundente como cuando Lacan dijo, para referirse a esta desproporción, "No hay relación sexual". Ernesto afirma que "Todos los individuos son objetos de consumo". Formamos parte de una generación: de la generación del consumo. Y van a encontrar en este libro cómo se juega en estos tiempos un empuje al olvido, cómo se abre el goce como un camino hacia la muerte y cómo el hombre, en esta pendiente vertiginosa, se convierte en un objeto de consumo.

Nos lleva a entrar a una modalidad de goce sobre la cual es necesario, para trabajar en nuestra época, estar advertidos. Van a encontrar un capítulo sobre las paradojas del consumo donde leerán cómo un sujeto puede acercarse como un tonto, como un cínico o como un canalla.

Se van a encontrar con algo muy fácil de decir pero muy difícil de poder dar cuenta: con los nombres actuales del goce; con los rituales de los toxicómanos; con cómo se juegan estas cuestiones en hombres y mujeres.

Y así arribamos a otra de las precisiones conceptuales de Sinatra, la cuestión de la soledad globalizada. Porque también resulta una paradoja que en esta época de tanta comunicación lo que se ha masificado es la soledad, la encrucijada de un goce solitario, autista. Una soledad que, como lo plantea la Bersuit en una de sus canciones, desespera. Encontramos una advertencia: "la soledad es tan tóxica como el goce que no puede pasar al Otro". Y lo interesante es que se subraya algo que, más allá de consumo, se erige como el más inquietante modo de gozar contemporáneo. Nos dice en la página 147: "lo que desespera es el vaciado de gadgets, el vacío pleno de la soledad globalizada". Y Ernesto ubica allí a los teleadictos: el televisor, Internet, las drogas, son formas actuales de una alienación que puede llevar a la muerte.

Van a encontrar en este libro los rasgos característicos de su autor: la rigurosidad conceptual, la amenidad en el desarrollo de los temas, un entramado donde se sitúan desde los conceptos psicoanalíticos más complejos, con una formalización, una lógica poco frecuente entre los analistas, hasta las noticias que encontramos en los periódicos al levantarnos cada mañana.

Todo atravesado por una fina ironía, como la del título. Cuando lo leí me imaginé por un segundo ­-aclaro que se trata sólo mi imaginación- a Ernesto decidiendo para título del libro "Todo sobre las drogas", para después, por su amor a la verdad, introducir los signos de interrogación. Lo irónico es que uno no puede decir todo de ninguna cosa. Pero los consumidores han hecho lo posible para cerrar sus interrogantes, para olvidar la castración, buscando un goce total. Y entonces me imaginaba a ese consumidor encontrando en ese título otra cosa que la que esperaba. Al ir de ese goce cerrado y solitario a una pregunta por el deseo del Otro que procuran con las drogas taponar.

Algunos artículos de Sinatra ya han merecido el mayor de los honores que, según Borges, puede encontrar un escritor en su vida: el del plagio. Y Ernesto generosamente ha respondido con este libro. Pueden seguir inspirándose en él para llevar una clínica adelante.

He aprendido mucho gracias al TyA, y lo sigo haciendo. Han pasado por el TyA grandes psicoanalistas desde ese grupo que se fundó en 1992 a la actualidad. No quisiera ser injusto con algunos, nombro solo uno porque hoy me acompaña en esta presentación: Silvia Ons, que así como llegó un día se fue, por amor… a la verdad, al departamento de Filosofía. Entre todas esas personas que agradezco a la contingencia de la vida, estoy alegre de haber encontrado a Ernesto con el cual, desde aquel momento, hemos trabajado ininterrumpidamente, en el TyA, la Sección Clínica, el ICDEBA, en los Seminarios o el Propedéutico…

Hace poco presenté en Madrid otro libro de él dedicado a la clínica de la neurosis. Creo que pocos han producido tanto material escrito en el psicoanálisis lacaniano argentino. Ya he tenido la alegría de presentar tres libros de él. En esa presentación de Madrid dije ­-y por más que a mi no me gusta repetir las cosas quiero hacerlo en nuestro país- que una de las cosas más importantes que me ha enseñado Ernesto es algo que puede parecer del orden de lo imposible. Porque ha sabido ser un maestro (cosa que implica una disimetría) y a la vez un amigo (lo cual implica una profunda simetría). Siempre tiene algo para enseñarme, siempre puedo llamarlo por teléfono cuando lo necesito.

Y les aseguro que no hay nada mejor que presentar un libro, en particular de un maestro y sobre todo de un amigo.

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