El cuerpo en psicoanálisis
De Johnny Gavlovski E. y Raquel Cors Ulloa (Compiladores)
Raquel Cors Ulloa
Se trata de un libro que en sus páginas contiene lo heterogéneo que procura la lectura psicoanalítica, en esta ocasión, del cuerpo. En él, cada autor traduce los hitos del camino que desde Freud hasta Lacan procura el cuerpo y su relación con el fracaso, ya que al no haber un programa sexual que garantice el encuentro, lo que se tiene es un cuerpo con el que hay que arreglárselas.
G. Belaga, G. Dessal, M. Fernández Blanco, J-P Klotz, C. Licitra Rosa, J-C. Maleval, G. Musachi, P. Naveau, L. Naveau, R. Portillo, J. Pundik, L.D. Salamone, M. Termini, H. Tizio, J.F. Velásquez, J. Gavlovski y un importante anexo de A.R. Najles, circunscriben un agujero, de la buena manera, de ahí surgen algunos interrogantes que convido al lector a dilucidar.
¿Por qué no es lo mismo el cuerpo que se tiene, del cuerpo que se intenta ser? ¿Qué del cuerpo que se goza? ¿Por qué no hay cuerpo sin síntoma? ¿Cómo habla cada cuerpo? ¿Cómo se juegan las variables del cuerpo: anoréxico, toxicómano, fóbico? ¿Qué de la clínica psicoanalítica ante un fenómeno psicosomático y su sinsentido? ¿Qué de la nueva referencia al cuerpo, ya no imaginario sino de órganos? ¿Qué del pasaje del cuerpo especular - cuerpo libidinal - zonas erógenas - objeto a? ¿Qué de la lógica del sinthome padre?
Un bricolage de lecturas circula por estas páginas, en sus vueltas oscila un movimiento que sin pretensiones de conclusión, va por la raíz imaginaria del Estadío del Espejo, que no se evapora; por el síntoma freudiano que interpreta en términos significantes poniendo en juego al inconsciente transferencial; y por el sinthome lacaniano que constituye el núcleo de goce pulsional y su satisfacción; de ahí un artificio, escabeau.
Hay que subrayar que la separación entre síntoma-inconsciente y síntoma-pulsión, es donde Lacan sitúa el goce. Para Lacan, el síntoma es una manifestación del cuerpo, pues como no encontramos palabras que lo ordenen en un discurso, el síntoma viene a ocupar el lugar de la palabra que falta, es decir que viene en el lugar del significante que falta en el Otro S(A ). Por lo tanto, no hay cuerpo sin síntoma. Hay la posibilidad que abre un análisis, un tao, una vía para vivir de la mejor manera posible, no sin los otros.
La histeria -que el DSM sacó de sus listas- no termina de darnos lecciones. Nos enseña: que el sujeto está dividido irremediablemente por el lenguaje, pues somos seres-hablantes. La histeria nos enseña: la importancia de la identificación para la constitución de nuestras referencias subjetivas y el respectivo lazo social. La histeria nos enseña: que el cuerpo que tenemos es un cuerpo que nos trae problemas y con eso hay que arreglárselas.
Por lo tanto, el cuerpo -en su dimensión de goce- es un obstáculo. Hay un fracaso porque no hay un programa sexual que transmita una garantía para el encuentro. El fracaso de las identificaciones imaginarias y fálicas da cuenta de esto. Nos lo trae la práctica clínica en una casuística de cuerpos empeñados por la gestalt, la buena forma,el higienismo, lo sano, lo justo, educado o bello, y también en cuerpos bizarros, vulnerables, endebles, frágiles y en permanente riesgo. A este fracaso Lacan le dio un nombre, la no relación sexual.
El dispositivo analítico -para el que hay que poner el cuerpo- procura un trayecto al analizante, de ahí que el recorrido y la formación, nos enseña que gracias a la estructura del lenguaje se traduce el cortocircuito marcado en un cuerpo, a pesar de no tener palabras para eso. A pesar que lo traumático implica una disarmonía original, lalengua resuena en un cuerpo. Si algo se sabe hacer con ella; si se hablara, sería una obra.
En el Seminario 11, Lacan indica que el psicoanálisis trata lo real por la vía de lo simbólico; más tarde en el Seminario 20, con su esquema triangular indica que las flechas van por lo real que se imaginariza dando lugar a lo simbólico. Sin embargo, un cortocircuito -así lo llama Miller- invierte las flechas. Como un cable pelado, desprovisto de lo que por naturaleza suele cubrirlo, cortocircuita y marca el cuerpo en un acontecimiento traumático que lo afecta y constituye.
A lo largo de la enseñanza de Lacan, el cuerpo pasa a tener otro estatuto, la investidura de la imagen especular es fundamental; pero resulta que no toda la investidura libidinal pasa por la imagen especular. Hay un resto fundamental. En la Conferencia Joyce le Symptome, Lacan dice: "Dejemos al síntoma en lo que es: un acontecimiento en el cuerpo".
Un análisis aísla la trenza que en una posición subjetiva se estableció de manera singular y desde sus inicios. Hay un enredo a desenredar, hay un nudo que sólo se lee al final, cuando los hilos del fracaso han sido sutilmente extraídos y se abre una posibilidad vivible, pragmática, funcional.
Este libro, entre vecinos de texto, es una lectura del uno por uno. Este libro no requiere de más galeato.
¡Que lo disfruten!

