Lorena Cabrera
Como preparación para las próximas Jornadas Anuales de la EOL: "Nuevos síntomas, nuevas angustias", presentamos los siguientes textos de los tres integrantes de la Comisión Científica:
En su texto "Angustias actuales", Déborah Fleischer examina la posibilidad de situar un modo de angustia que sea propio de la época. Para eso, retoma la diferenciación clínica que hace Freud entre angustia, susto y miedo, haciendo una interesante relectura de estas categorías a partir de Lacan. Señala que la oposición entre lo real y el significante es lo que permite ubicar "eso" ante lo cual surge la angustia, bajo distintas formas:
- como angustia señal, en la medida que se relaciona con el deseo del Otro y lo indica.
- como susto, cuando no funciona la angustia señal, es decir cuando el fantasma no vela lo real.
- como pánico, cuando la angustia desborda y el goce no es contabilizado por el Inconsciente.
Más adelante, ubica la angustia como modo de nominación de lo real en RSI.
Y finalmente, ubica la pregunta por los modos de aparición de la angustia actual a partir de señalar la declinación de la figura del padre, el gobierno de los objetos de consumo, el retorno del autoritarismo y el palidecimiento de la culpa, como elementos que definen la época actual.
En el artículo "Nuevos síntomas, nuevas angustias", Graciela Ruiz se pregunta qué hay de nuevo en la fórmula Nuevos síntomas. Tomando como referencia unas conferencias de J.-A. Miller en Brasil, ubica como rasgo de la época a la exigencia superyoica de la cultura de demandar lo nuevo. La pregunta por lo nuevo toma un vuelo interesante:
- porque en el descubrimiento freudiano, lo antiguo y lo obsoleto es lo más activo.
- porque lo nuevo es un significante demasiado afín al marketing y al consumo
- finalmente, porque en el psicoanálisis, el síntoma es lo más nuevo, singular e irrepetible para cada sujeto.
A partir de esto, señala el elemento fundamental que diferencia a aquéllos síntomas que se denominan nuevos (anorexia, bulimia, toxicomanías): la declinación del S1. El discurso amo, que implica en su lugar de agente al S1 y por lo tanto a la castración, instaura las condiciones para la represión, la identificación y la repetición neurótica. Entonces, si como sabemos, la época actual se sitúa en relación al discurso capitalista, podemos decir que la declinación del S1 en el discurso del amo implica una perturbación de la función de la castración, y una cierta laxitud en la represión y la identificación.
Por último, ubica una diferencia entre la angustia femenina y la masculina a partir de la frase de Lacan: "la mujer es más angustiada que el hombre".
Ricardo Seldes, en "La angustia y la certeza", ubica primero el carácter específico de la angustia, separándolo de otros afectos como la tristeza, el abatimiento, la depresión, el desconsuelo, la amargura, la desesperación. Y plantea que lo más cercano para ubicarla es lo siniestro: en Freud, es la aparición súbita, y en Lacan, la espera en el vacío de algo que sucederá, antes del momento de quedar captados por la escenificación. En lo heim del significante, aparece lo más extraño, el objeto.
Si la angustia es lo que no engaña, es lo único que en la indeterminación neurótica da certeza. Y de ahí, al acto. Pero en la época, los nuevos síntomas parecen configurarse en un más allá del principio del deseo, es decir, en la debilidad del nombre del padre y su ley. Qué característica tiene entonces la angustia como certeza, en la medida que el escenario neurótico está diluido, multiplicado y pluralizado? La declinación del padre y la pluralidad de los objetos de consumo caracterizan la época, por lo que los sujetos buscan formas de vida situadas a partir de una fuerte identificación a una zona muy especializada del consumo, lo que Miller llamó el efecto otaku. Ante esto, el análisis hace trabajar la incertidumbre pero bajo la forma de una certeza que atañe al síntoma como modalidad de goce en tanto puede ser tramitado por el sujeto. De este modo el análisis deviene una burbuja de certeza.


