AÑO XX
Agosto
2026
46
Lecturas

El lado ilustrado de lo oscuro

Sobre La ilustración oscura, de Nick Land

Juan Pablo Duarte

*

Tiempo de lectura: 7 minutos

Neorreacción

Las universidades, que fueron un actor clave en el intento de expurgar del lenguaje cualquier indicio de odio, son un blanco predilecto de la “neorreacción”, un movimiento que encontró en Nick Land su portavoz académico. Se trata de una reacción a lo que Eric Laurent describió como la tarea sin fin de la corrección política: ir más allá de la crítica a discursos que matan o excluyen hasta “desminar los poderes deletéreos del discurso”.[1]

A mediados de los 90, en la universidad de Warwick, Land comenzó a cobrar notoriedad en la Unidad de Investigación de la Cultura Cibernética. Acompañado por otras promesas, como Mark Fisher y la ciberfeminista Sadie Plant, vincularon tecnología, capitalismo y subjetividad en un cóctel singular que también contenía música electrónica y anfetaminas. El giro decisivo en Land se produce en la primera década del dos mil cuando se aleja del campus universitario hacia las calles o más bien a su relevo metafórico actual: los blogs y las redes sociales. A través de intercambios con Curtis Yarvin -un desarrollador de software conocido bajo el seudónimo de Mencius Moldbug y seguido por algunos tecnofílicos con ideas de derecha-, da forma a un discurso explícitamente antidemocrático, elitista y, en varios de sus pasajes, directamente xenófobo. En un contexto de decepción ante elites que hablan sin ofender, pero gobiernan produciendo severas crisis y el deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la población, Land se convierte en una referencia intelectual de esa constelación de estrategas y comunicadores que Giuliano da Empoli denomina “ingenieros del caos”.[2]

La ilustración oscura[3] aparece en este momento como fragmentos de blogs sin ningún tipo de cuidado editorial. Allí, términos como democracia, pluralismo, participación en la vida pública o igualdad en términos de dignidad y derechos de los seres humanos son presentados como meros obstáculos para el despliegue del capitalismo y de sus potencialidades técnicas.

Si el Siglo de las Luces cifró en la razón y la ciencia los faros para una mejor vida en común, la ilustración oscura se ilusiona con la gestión de las sociedades a partir de operaciones de cálculo y selección de nichos sociales con adecuadas bases hereditarias para adaptarse -o rendirse- ante el poder del tecnocapitalismo.

Actualmente, Land pasa sus días en Shanghái, disfrutando de lo más cercano a ese futuro que augura para la humanidad: un capitalismo de características autoritarias alimentado de la técnica. En una entrevista reciente describe esa ciudad como “el mayor motor político y de desarrollo social y económico que el mundo haya conocido”. Ante eso, sostiene que “la única capacidad que nos queda es la alineación: escuchar lo que sucede y cooperar en lugar de resistirnos”.[4]

Ignorarlo es nuestra responsabilidad

En Silicon Valley, donde se diseñan los entornos de la conversación social, Land es considerado una figura mítica. Sus ideas tienen influencia en Peter Thiel, dueño de la empresa Palantir, y mentor de la carrera del vicepresidente de los Estados Unidos, quien a su vez promovió posibles aplicaciones prácticas de su pensamiento y llegó a decir algo que recorrería el mundo: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.[5]

Esta versión de Land puede carecer de valor en el campo filosófico, pero hace patente un modo en que el campo de la palabra y el lenguaje resulta un vector clave del odio, una pasión que no solo se nutre de la agresión, la causticidad o el desprecio; además encuentra en estos planteos algo mucho más potente: la posibilidad de liberar la violencia de los semblantes que sirvieron o servirían para contenerla y con ello autorizar el rechazo radical al goce del Otro.

En La ilustración oscura, Land alude a una colusión entre medios de comunicación, universidades y otras instituciones que conformarían lo que denomina “la Catedral”: una hegemonía cultural e ideológica encargada de establecer los límites de lo pensable y definir qué discursos pueden ser considerados legítimos. Desde esta perspectiva, sostener que existen diferencias neurológicas asociadas a la raza, con incidencia sobre los comportamientos sociales o el rendimiento productivo de los individuos, no constituye una hipótesis controvertida, sino la transgresión de un dogma cuasi religioso que denomina Modelo Científico Social Estándar (MCSE). Cualquier respuesta a estos planteos no sería el resultado de una refutación empírica o la aceptación de un consenso social, sino una defensa a la ortodoxia cultural que busca preservar determinados principios igualitaristas.

Como la democracia oculta apetitos y corrupción, debe sustituirse por las Gov corp, negocios dueños de países con accionistas que contratan y despiden gobiernos basándose en los beneficios que obtengan de sus clientes -los ciudadanos- que no tienen ninguna posibilidad de participación, pero sí la libertad de elegir entre diferentes Gov corps más eficientes, atractivas y limpias. Esto último se denomina “La salida”, una renuncia tanto a la deliberación como a cualquier operación dialéctica -método de razonamiento que es reducido a una mera creencia- e incluso a la propia voz.

Esta ilusión no culmina allí y excede largamente los márgenes de la discusión intelectual. Por ello, leer una obra como esta no solo es responsabilidad de quienes disputan sentidos en la política o la academia, sino también de los que dedicamos nuestra práctica a interrogar los signos de una civilización que se impulsa desde el desengaño que producen los semblantes hacia la ilusión de un plus de goce corporativo.

Que sea imposible predecir cuál es el porvenir de la ilusión de Land no impide orientar la práctica del psicoanálisis por su reverso. Esto podría implicar el ensayo de captar en cada voz -individual o colectiva- una negativa a renunciar a los avatares conflictivos de la libido[6] lo cual también implicaría renunciar a la ilusión de un discurso totalmente expurgado de odio.

* Gonzalo Mainoldi

NOTAS

  1. Laurent, E., “Discursos y goces malos”, Freudiana, n.º 85, ELP, 2019, pp. 35-47.
  2. da Empoli, G., Los ingenieros del caos,Madrid, Oberon, 2020.
  3. Land, N., La ilustración oscura: y otros ensayos sobre la neorreacción,Madrid, Materia oscura, 2022.
  4. Sobchak, M., “In conversation with Nick Land, the ‘father of accelerationism’”, The spectator, 21 de octubre de 2025.
  5. D’Ancona, M., “Nick Land: The dark magus of AI”, The New World, 2024 [en línea], https://www.thenewworld.co.uk/matthew-dancona-nick-land-the-dark-magus-of-ai/
  6. Laurent, E., “Europa a prueba del odio (Parte I), Lacan Cotidiano, n.º821, 24 de febrero de 2019 [en línea], https://eol.org.ar/wp-content/uploads/2025/04/LC-cero-821.pdf