AÑO XX
Agosto
2026
46
Lecturas

La furia, su irrupción y sus destinos

Sobre el tomo Fuego de la revista Registros

Benjamín Branca

*

Tiempo de lectura: 3 minutos

El lector que se acerque al tomo Fuego de la revista Registros encontrará una multiplicidad de abordajes sobre el tema de la furia por distintos ángulos, con textos en varios formatos y distintos autores. El comité editorial sostiene un verdadero espíritu de conversación para abordar el tema sin pretender, para parafrasear una cita de Lacan comentada en la revista, hacer entrar todas las clavijas en los agujeritos.[1]

El ruido y la furia

En dos de las páginas centrales de la revista encontramos varias citas intercaladas con exclamaciones. Allí, se recorta una referencia de Lacan que alude al sonido y la furia del lenguaje.[2] La cita resuena con la entrevista a Sergio Mattos en donde sitúa a la experiencia de la furia como “lo que hay en la lalengua de pura cacofonía” que expresa “algo ruidoso de lalengua”.[3] Para él, es correlativa a borramientos subjetivos donde hay un exceso en el cuerpo. Alejandro Reinoso acentúa, retomando a Lacan, “la dimensión sonora de la vociferación en el sustrato del grito”[4] y se pregunta por la articulación del cuerpo y el Otro en la furia. Si uno recorre los distintos textos de la revista, encuentra este problema, se la ubica en la juntura del significante y el cuerpo.

La furia y sus respuestas

Se pueden localizar muchos testimonios en la revista donde ella se articula a distintas respuestas subjetivas. Odio, violencia, acting out, pasaje al acto, síntomas; encontramos en los distintos artículos una gran cantidad de ejemplos de sus diversos modos de manifestación.

Gabriela Camaly, por ejemplo, plantea que hay furia articulada al fantasma y furia ante lo imposible de soportar como “manifestación del rechazo ante el agujero radical en el campo del Otro”.[5]

Señala, a su vez, que “no es una solución sinthomatica sino que el anudamiento sinthomatizado dependerá del tratamiento de la furia como tal”.[6]

Graciela Brodsky nos recuerda que Freud advertía que ella no desaparece al ser reprimida y que es mejor darle rienda suelta, ya que, si no, vuelve contra uno mismo como remordimiento.

No se trata de terapeutizarla, sino de cómo el psicoanálisis permite darle otro destino. Camaly sitúa que, a partir del análisis, furia “es también una experiencia vital […] índice de la no mortificación por el significante”[7] y Florencia Dassen plantea que, al dar cuenta en su estallido de que se ha tocado una zona oscura dolorosa, “en transferencia puede ser la ocasión que permite que la experiencia se anime, librarse de la pesadilla de lo eterno ligado al significante”.[8]

En la revista no faltan los ejemplos de ello. En una viñeta clínica, Matías Mazzota muestra como un niño enfurecido encuentra “otra envoltura” para su furia a partir del paso por la experiencia analítica y Sergio Mattos testimonia sobre como en su caso logró un nuevo montaje sobre la furia. En la entrevista a Carolina Koretzky, ella relata los avatares de su estado furioso al articularse a la transferencia negativa en un tiempo decisivo de su análisis, donde se jugaba la posibilidad de interrumpirlo por medio de un acting out. Pasar de la furia sin poder leerla a la furia con una lectura posibilitada por el análisis le permitió encontrar otra resolución.

Cómo rebelarse de la buena manera

El artículo de Miller[9] que abre la revista no trata directamente el tema de la furia, sino que desplaza la cuestión a la rebelión planteada como un arrojo instantáneo ante el encuentro con lo imposible de soportar.

Si bien no faltan motivos para rebelarse, la cuestión es cómo hacerlo de la buena manera. Para ello propone, a partir del análisis, estar advertidos del propio imposible de soportar, haberlo cernido para poder tomar distancia y también saber que este imposible de soportar es el propio y que no coincide con el de ningún otro.

Ante la irrupción de un real que toca el punto éxtimo que pueda desencadenar la furia, la vía del psicoanálisis puede permitir contar con ello y hacer otra cosa que rechazarlo en uno y en el otro.

* Gonzalo Mainoldi

NOTAS

  1. Lacan, J., (1958-1959) El Seminario, Libro 6, El deseo y su interpretación,Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 159: “... un afecto fundamental como el de la cólera no es otra cosa que esto: lo real que llega en el momento que hemos hecho una muy bella trama simbólica, en que todo va muy bien, el orden, la ley, nuestro mérito y nuestra buena voluntad. De repente nos damos cuenta de que las clavijas no entran en los agujeritos”.
  2. Registros. Furia. Tomo Fuego, Buenos Aires, 2026, p. 63.
  3. Mattos, S., “Exceso de cuerpo y lengua enfurecida”, Registros. Furia. Tomo Fuego, op. cit., p. 12.
  4. Reinoso, A., “2X10”, Registros. Furia. Tomo Fuego, op. cit., p. 88.
  5. Camaly, G., “Mujeres y furia”, Registros. Furia. Tomo Fuego, op. cit., p. 59.
  6. Ibid.
  7. Ibid., p. 58.
  8. Dassen, F., “Partenaire y furia”, Registros. Furia. Tomo Fuego, op. cit., p. 56.
  9. Miller, J.-A., ¿Cómo rebelarse?, Registros. Furia. Tomo Fuego, op. cit., pp. 6-11.