AÑO XX
Agosto
2026
46
Lecturas

Los males de Bataille

Elvira Dianno

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Tiempo de lectura: 6 minutos

La literatura es lo esencial o no es nada[1]

Georges Bataille (1897-1962), pensador y antropólogo francés, reflexiona en una serie de ensayos[2] sobre una diversidad de escritores ubicando allí la intersección entre mal y literatura. Para ello, se sirve de obras de Bronté, Baudelaire, Michelet, Blake, Sade, Proust, Kafka y Genet.

Escribe desde la coherencia en su madurez, con el eco ensordecido del tumulto de su juventud; lo hace cuando el tiempo lo apremia. Acosado por enfermedades que darían pronto fin a sus días, la pérdida progresiva de ciertas funciones lo fue apagando. Los manuscritos de su obra póstuma La Mére –la novela del incesto– eran ilegibles.

¿Qué función le atribuye Bataille a la literatura?

En una entrevista[3] de la TV francesa, describe dos clases de mal: el de la necesidad de que las cosas lleguen al resultado querido y no lo logren, y el de la transgresión de las prohibiciones fundamentales: matar y ciertas posibilidades sexuales.

Para él, literatura y mal son inseparables; si se alejan, ella se torna aburrida. La tensión surge de algo que puede salir mal, implica a la angustia; la literatura nos muestra las cosas humanas desde su perspectiva más violenta.

Escribir es transgredir y quien lo hace es culpable de ello: quita tiempo al trabajo. Menciona a quienes publican bajo seudónimos, pero no hace mención a sí mismo que lo hizo en tres ocasiones. De su primera obra Histoire de l’oeil (Historia del ojo) (1928) editada bajo el seudónimo de Lord Auch, de alto contenido erótico y transgresión sexual–, el director de El imperio de los sentidos (1976) tomó algunas escenas para su film.

La culpabilidad se refiere a la de ponerse del lado del Mal, y cita a Kafka y a Baudelaire como niños que desobedecen a los padres.

Considera al erotismo también inseparable de la literatura y es una transgresión, como la del niño que se deja fascinar por los juegos prohibidos por los padres y teme por lo que podría sucederle. Necesita tener miedo.

Finalmente, define la dirección general de su libro como una advertencia de los peligros a los que se enfrenta quien se animó a hacerlo. Hay que afrontar la literatura como un peligro: nos hace ver lo peor y afrontarlo. De las transgresiones infantiles al lugar de un hombre.

Literatura y goce

Busquemos las gafas de Freud y Lacan para leer lo que Bataille plantea.

La ambivalencia moebiana de la pulsión, desfogada por la fuerza de la pasión, está inevitablemente tentada por el exceso. A ese exceso le llamamos mal,por tanto, el odio –pasión del ser– es indisoluble de mal.

Tal y como Lacan señala, el mecanismo de la pasión se exalta en razón de los obstáculos que encuentra.[4] Por tanto, a más prohibición, más satisfacción al transgredirla, más placer. He aquí el punto que aclara lo que recorre la obra de Bataille; el plus de satisfacción que subyace en la trasgresión: escribir y escribir sobre las transgresiones, que lo lleva desde lo que no anda hasta los confines donde muerte y sexualidad se fusionan.

El escritor goza con las ficciones que lo llevan de la angustia al goce. Mientras el seudónimo viene al lugar del miedo, el aburrimiento del escritor, en tanto deseo de otra cosa, puede servir como motor de la inspiración. También el odio puede servir para la misma causa.

¿De qué goza el lector?

Para Freud, las pulsiones malas (agresividad y crueldad) están allí desde el nacimiento, no tienen desarraigo y se busca satisfacerlas a expensas de su prójimo. Lacan afirmará al respecto “que el goce es un mal […] porque entraña el mal del prójimo”.[5] Freud ubicará la crueldad a la par del sadismo y el masoquismo “en el placer de ver y de exhibirse, el ojo corresponde a una zona erógena; en el caso del dolor y la crueldad […], es la piel la que adopta idéntico papel”.[6] La crueldad involucra al cuerpo a través de la piel y considera que, por la inhibición, la pulsión de apoderamiento se detiene ante el dolor del otro. Compasión que, en su ausencia, conllevaría a que pulsio­nes crueles y erógenas sean inescindibles. Crueldad, destrucción y muerte bien podrían ser los nombres freudianos con los que responder a qué es el mal. Hay, en la compasión, una posibilidad de un borde, un límite. Un happy end.

Un paso más:“… lo malo es, en un comienzo, aquello por lo cual uno es amenazado con la pérdida de amor; y es preciso evitarlo por la angustia frente a esa pérdida”.[7] Se teme que el hiperpotente muestre su superioridad, castigándolo. Lo malo es lo deseado y lo temido. Un goce difícil de eludir.

Entonces, un lector o bien se identifica con los personajes y goza de sufrir o hacer sufrir, o espera ansioso el final donde la compasión haga de borde y un final feliz acontezca y el amor triunfe.

Finalmente, escribir literatura es un modo de ficcionar lo prohibido, mientras que leerla posibilita gozar de ficciones de lo que está prohibido. Un modo de satisfacción que queda en la ficción.

* Gonzalo Mainoldi

NOTAS

  1. Bataille, G., La literatura y el mal, Ediciones leyendo/escribiendo, Alhambra, España, 2019, p. 21.
  2. Ibid.
  3. “La literatura y el mal por George Bataille”, Entrevista de Pierre Dumayet en “Lectura para todos”, ina.fr, 1958 [en línea], https://www.youtube.com/watch?v=-QZIuk3tHHA
  4. Lacan, J., (1932) De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, Madrid, Siglo Veintiuno, 1979, p. 62.
  5. Lacan, J., (1959-1960) El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2011, p. 223.
  6. Freud, S., (1905) “Tres ensayos de teoría sexual”, Obras completas,vol. VII, Buenos Aires, Amorrortu, 1999. p. 154.
  7. Freud, S., (1930) “El malestar en la cultura”, Obras completas, vol. XXI, op. cit., p. 120.