AÑO XX
Agosto
2026
46
Discursos

Discursos de odio

Patricia Moraga

*

Tiempo de lectura: 8 minutos

Durante los primeros siglos de la Edad Moderna, un sueño humanista recorrió Europa: el renacimiento de la Antigüedad a partir de los textos clásicos alumbraría un nuevo hombre y una nueva civilización. Recientemente, incluso, se creyó que la globalización permitiría afianzar los lazos entre naciones, acortar las diferencias culturales y fomentar la armonía internacional, así como el espacio digital sería neutral y abierto.

No fue así.

Las plataformas virtuales afectan los lazos sociales, crean realidades y alimentan pasiones como el odio y la ignorancia.

Las redes sociales y los canales de comunicación no son espacios públicos, son estructuras privadas de alcance global, propiedad de corporaciones concretas que operan bajo lógicas empresariales. No solo venden publicidad, sino que logran influir en el comportamiento sociopolítico de los usuarios con inédita precisión. Así, el debate actual sobre la libertad de expresión en internet suele presentarse como una lucha entre ciudadanos, empresas y Estados.

Lacan redefine el lazo social como un discurso que trasciende la presencia simultánea de los cuerpos afectados y además observa que, si partimos del goce, el cuerpo nunca está solo: cuando hay dos cuerpos, mucho más aún cuando son más, no se sabe, no se puede decir cuál goza.[1] El cuerpo no es una entidad cerrada sobre sí.[2] Es, al mismo tiempo, cuerpo propio y cuerpo político. Los discursos atrapan los cuerpos por el goce y causan resonancias que hacen vivir, matan, mortifican, mancomunan o apartan.

Veamos un ejemplo. En los medios de comunicación masiva, ciertas muertes aparecen, mientras que otras no. Esto revela el papel crucial de los medios en la construcción del hecho mismo. ¿Qué relación hay entre el silenciamiento discursivo de ciertas personas (la desaparición discursiva del muerto) y lo que puso fin a esas vidas?

El odio no es solo asunto de discursos: su horizonte incluye la eliminación del otro en lo real.

Este odio al prójimo (diferente del odio al semejante) puede ser elucidado por algunos desarrollos de Lacan.

Tú eres ese a quien odias

Lacan muestra cómo la realidad depende del goce forcluido, no reconocido como propio, que permanece como un resto inasimilable para el sujeto. Inicialmente concebido como objeto malo (kakon), ese resto es al mismo tiempo lo más íntimo y lo más ajeno para el sujeto.

Es el caso de los asesinatos-suicidios de los adolescentes y el de los hombres-bomba, entre otros. Tales asesinatos revelan un desconocimiento radical: el del odio de sí. Cabría decir al asesino: Eres lo que no quieres reconocer, y por eso te odias en el objeto.[3] En el análisis, en cambio, la cuestión es que el sujeto reconozca dónde está la estructura lógica de su posición subjetiva.[4]

En el Seminario 24, Lacan ya no parte del kakon,sino del Otro roto (“hay del Uno”, nada del Otro) y redefine el odio y el amor a partir de las “unaridades”.[5] Esto no quita que el cuerpo sea capaz de afectar y de ser afectado por otros cuerpos.[6] Sea como fuere, el odioamoramiento se deriva de la separación respecto del goce de los otros Unos. En línea con esto, Miller se pregunta si el cuerpo del Otro puede encarnarse en el grupo. ¿Acaso el grupo, la pandilla y la secta no dan cierto acceso a un Gozo del cuerpo del Otro del que formo parte?[7]

Ahora bien, “saber las aporías del amor y del goce en la vecindad del prójimo”, dice Eric Laurent, “no nos condena al cinismo o a la constatación de la presencia irreductible del odio o del mal”.[8] Tampoco al inmovilismo por miedo a desencadenar el odio.

El goce rechazado puede localizarse en otro (que en ese caso deviene Otro malo) o bien puede constituir una comunidad (anulando las diferencias entre los goces).

Dos formas de identificación

Volvamos al odio. En calidad de pasión, toma diversas formas. Puede presentarse como ruptura de los lazos sociales o, al contrario, como vínculo en las “comunidades de goce”. En este caso, la identidad está fundada sobre la amenaza de un rechazo primordial, de una forma de segregación. “Un hombre sabe lo que no es un hombre”,[9] y no es un hombre aquel al que rechazamos porque tiene un goce distinto del nuestro. El goce malo que pone en juego un discurso como este desconoce esta lógica que está en el fundamento de todo lazo social. El crimen fundador no es el asesinato del padre, sino la voluntad de asesinar lo que encarna el goce rechazado.[10]

La identidad colectiva se construye a partir de la identificación segregativa, un saber sobre lo que no es. Funciona con la lógica del todo, heredera del Nombre del Padre.

En cada colectivo de este tipo, hay segregación. De ahí la importancia de la “identificación desegregativa”,[11] que reenvía a cada uno a la soledad de su relación con la causa del deseo.

Reconocer el goce rechazado y acceder a esta forma desegregativa de identificación es lo que el discurso analítico, a contramano de los discursos de odio, puede proporcionar mediante el amor de transferencia.

* Matias Adhemar

NOTAS

  1. Lacan, J., (1971-1972) El Seminario, Libro 19, ...o peor, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 221.
  2. Deleuze, G., Spinoza y el problema de la expresión, Barcelona, Muchnik, 1999.
  3. Miller, J.-A., (2001-2002) “El desencanto del psicoanálisis”, clase del 29 de mayo de 2002. Inédito.
  4. Lacan, J., (1957-1958) El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paidós, 2003, pp. 501-518; Lacan, J., (1966-1967) El Seminario, Libro 14, La lógica del fantasma, Buenos Aires, Paidós, 2023, p. 269.
  5. Lacan, J., (1977) “Hacia un significante nuevo”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, n.º 27, Buenos Aires, Grama, 2019, p. 15.
  6. Deleuze, G., Spinoza y el problema..., op. cit.
  7. Miller, J.-A., “En dirección a la adolescencia”, Registros, tomo Rojoazul, Colección Diálogos, Buenos Aires, 2016.
  8. Laurent, E., “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, Virtualia, n.º 36, 2018 [en línea], http://www.revistavirtualia.com/articulos/818/destacado/disrupcion-del-goce-en-las-locuras-bajo-transferencia.
  9. Lacan, J., (1945) “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”, Escritos 1, México, SXXI editores, 2009, p. 206.
  10. Laurent, E., “Discursos y goces malos”, Lacan cotidiano, n.º 810, 2019 [en línea], https://eol.org.ar/wp-content/uploads/2025/04/LC-cero-810.pdf
  11. Laurent, E., “Política del pase e identificación”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, n.º 26, Buenos Aires, Grama, 2019, p. 103.