AÑO XX
Agosto
2026
46
Dossier

Odia a tu prójimo como a ti mismo

Alejandra Loray

*

Tiempo de lectura: 9 minutos

Los discursos de odio[1] son narrativas sociales que circulan y se reproducen principalmente en el espacio público (medios de comunicación, redes sociales e internet), transmiten prejuicios y construyen estereotipos negativos sobre un colectivo de personas (por raza, religión, género, etc.). Su finalidad es justificar, legitimar e incitar a la confrontación y/o la violencia social de un sector de la sociedad respecto de otro. Son los otros, los responsables de los problemas que aquejan a la sociedad, desviando el debate de las causas verdaderas.

Están relacionados con la segregación y la violencia que en principio es simbólica, pero puede llegar a lo físico, pues sabemos con Lacan que cuando se trata del goce “una vez que se entra, no se sabe hasta dónde se va. Se empieza con las cosquillas y se acaba en la parrilla”.[2]

Tomamos el término “discurso” en sentido amplio–como cuando se habla del discurso filosófico, religioso, de género, etc.– y no en el sentido psicoanalítico que Lacan formaliza.[3] Desde esta conceptualización, los cuatro discursos establecen formas de vínculo social e implican un tratamiento del goce[4] que posibilita el lazo, en tanto los discursos de odio promueven justamente la ruptura.

Silicon Valley y Titanic

La rápida difusión de estos discursos es posible por el desarrollo de las nuevas tecnologías que constituyen lo que Éric Sadin desarrolla en La silicolonización del mundo.[5] Remite a Silicon Valley, cuna y sede de las empresas más importantes de tecnología en permanente crecimiento e innovación; el nombre designa un espíritu en vías de colonizar el mundo.

Más que un modelo económico, es un modelo civilizatorio basado en la organización algorítmica de la sociedad: previsible y susceptible de manipulación.

Cuando en 2010 se revelaron los Wikileaks,[6] quedó en evidencia el funcionamiento de las instancias de poder. Desde entonces crecieron nuevas y violentas formas de comunicación que se desentienden de su concordancia con la realidad –términos como posverdad, fake news, infox, trollingo haters dan prueba de ello–. “Se constituyó un nuevo régimen de opinión –más exactamente, de aserción infundada–”.[7]

Al mismo tiempo, crece la nueva pasión contemporánea: la expresividad, que facilita mostrarse públicamente y señalar la excepcionalidad y autosuficiencia de la propia persona, que permite prescindir del prójimo y sentir lo mismo que Jack (di Caprio) en Titanic: “I’m the King of the world”. Ya sabemos cómo terminaron Jack y el Titanic.

Un ejemplo de esta pasión es la selfie, masiva a partir de 2010 cuando la actualización de los smartphones autorizó una pantalla reversible, alentando la pasión narcisista y permitiendo regodearse con infinitas representaciones de uno mismo, sin recurrir a un tercero que eventualmente podría producir vergüenza. Dependemos solo de nosotros y tenemos la posibilidad de vernos instantáneamente, mejorar la pose y eliminar lo que no nos gusta. Hay un dominio pleno sobre todo el proceso, una dimensión de autonomía que afirma la propia importancia. Esta imagen se postea y se multiplica por la aclamación inmediata de los contactos.

A su vez, la democratización del juicio da nuevo poder a las multitudes que califican ejerciendo su pequeña cuota de poder (a restaurantes, hoteles, etc.) contribuyendo a nuevos métodos de regulación y control, procedimiento disciplinario aparentemente soft, “mano invisible de nuevo cuño”[8] que estimula las transacciones.

El otro es enemigo (no modelo, objeto o auxiliar, como decía Freud)[9] o, simplemente, “producto a consultar, consumir, abandonar por otro, simple valor de uso […] puro estado de mercancía”;[10] la denominación “capital humano” usada actualmente en empresas y organismos gubernamentales da cuenta de ello.

En una época que proclama la igualdad y el respeto irrestricto a la libertad, encontramos en su reverso la forma feroz de la segregación profetizada por Lacan:

Creo que, en nuestra época, la huella, la cicatriz de la evaporación del padre, es lo que podríamos poner bajo la rúbrica y el título general de la segregación. [...] lo que caracteriza a nuestro siglo [...] es una segregación ramificada, reforzada, que se recorta en todos los niveles, que no hace sino multiplicar las barreras.[11]

El odio

En “Pulsiones y destinos de pulsión”, Freud ubica los destinos de la pulsión como defensa frente a lo pulsional. Uno de ellos es la mudanza en su contenido, la transposición del amor en odio. Sabemos que la pulsión no ama ni odia, solo busca satisfacerse. Para incluir las cuestiones del amor y el odio, introduce el yo del narcisismo con tres polaridades: amor, odio, indiferencia. En un primer momento de la constitución subjetiva, de acuerdo a la serie placer-displacer, lo que causa displacer es considerado ajeno y rechazado, y lo que causa placer pasa a formar parte del yo placer originario.[12]

El odio es una “relación con el objeto, más antigua que el amor”[13] porque “brota de la repulsa primordial que el yo narcisista opone en el comienzo al mundo exterior prodigador de estímulos”.[14] Queda claro así que la incitación al odio es el empuje a volver a lo más primario, hasta la deshumanización.

Es a la vez uno de los vínculos más fuertes con el otro y los objetos, aunque parezca una ruptura. Se trata, en los casos de rechazo y segregación, del odio al goce del Otro que esconde el desconocimiento del sujeto sobre sí mismo y sus goces que está en el fundamento de su rechazo. El odio conjuga el rechazo al Otro y el odio a lo extranjero en sí mismo, lo éxtimo, que Jacques-Alain Miller desarrolla en su curso Extimidad.[15] Hay algo íntimo y propio que nos divide.

Podemos considerar esta división en los tres registros –imaginario, simbólico y real–. En ella hunden sus raíces las diversas formas de segregación.

RSI de la segregación

La división imaginaria: para dar cuenta de la primera formación del yo, Lacan desarrolla el estadio del espejo[16] por el cual el sujeto puede identificarse a la imagen del espejo que unifica su cuerpo fragmentado. La imagen es ajena a la vivencia que el sujeto tiene del cuerpo. Esto da la matriz del otro como el que tiene, como mejor, extranjero e intrusivo con sus consecuencias (miedo, rechazo, celos, rivalidad, etc.). Pero el otro es uno mismo, no se puede excluir porque está en uno. Es el punto de imposible de lo imaginario.

La división en lo simbólico: la especificidad de la especie humana es su tipo de lenguaje sonoro, articulado y que puede pasar a la escritura. Pero en la lengua no hay más que diferencias, así como entre las distintas lenguas. El mito de la torre de Babel da testimonio de esta dimensión de lo imposible. La potencia de la palabra hace que el discurso dominante de cada época se naturalice y se pretenda sentido común, asegurando el malentendido, el pensamiento único y la segregación. Como ejemplo recomendamos la escena del diccionario de la película Malcolm X.[17]

Lo real de la segregación:lo real es para cada uno eso excluido del lenguaje y de la imagen, lo radical y definitivamente “segregado”. Es lo que se revela al final de la experiencia analítica, pero que debe ser considerado como primero.[18] En tanto desconocido y rechazado es la “raíz del racismo”.[19]

El análisis puede permitir a cada uno reconocer lo extranjero-íntimo que lo habita y aceptar la diferencia, la propia y con los otros. No todos se analizarán ni llegarán a este punto, sin embargo, para quienes sabemos de esto, sigue abierta la pregunta y el desafío de cómo volver al discurso que hace lazo… aún…

* Juan Desteract, "Bestiario"

NOTAS

  1. Definición basada en las de la ONU y el INADI organismo disuelto en 2024 por el decreto 696/2024.
  2. Lacan, J., (1969-1970) El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2008, pp. 76-77.
  3. Ibid.
  4. Cf. Loray, A., Discurso, sujeto y lazo social, Buenos Aires, Grama, 2019, p. 37.
  5. Sadin, É., La silicolonización del mundo, Buenos Aires, Caja Negra, 2018.
  6. WikiLeaks es una organización de medios sin fines de lucro que publica documentos filtrados, proporcionados por fuentes anónimas. Fundada por Julian Assange en 2006.
  7. Sadin, É., La era del individuo tirano, Buenos Aires, Caja negra, 2020, p. 15.
  8. Ibid. p. 184.
  9. Cf. Freud, S., (1921) “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, vol. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1975, p. 67.
  10. Sadin, É., La era del individuo tirano, op. cit., p. 188.
  11. Lacan, J., (1968) “Nota sobre el padre”, Revista El psicoanálisis, n.º 29, ELP, 2016 [en línea], https://psicoanalisislacaniano.com/jlacan-nota-padre-19681012/
  12. Cf. Freud, S., (1915) “Pulsiones y destinos de pulsión”, Obras completas, vol. XIV, op. cit., pp. 130‑131.
  13. Ibid., p. 133.
  14. Ibid.
  15. Miller, J.-A., (1985-1986) capítulo III, “Racismo”, Extimidad, Buenos Aires, Paidós, 2010.
  16. Lacan, J., (1949) “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988, pp. 86-93.
  17. Malcolm X, Spike Lee, Estados Unidos, 1992 [en línea], https://www.youtube.com/watch?v=_nf_1iksdnU
  18. Cf. Laurent, E., El reverso de la biopolítica, Buenos Aires, Grama-Navarin, 2016, pp. 52-53.
  19. Miller, J.-A., (1985-1986) Extimidad, op. cit., p. 55.