AÑO XV
Octubre
2021
40
Sexuación, lógica y acontecimientos

La lógica del "no-todo" y el goce en tanto tal

Gabriela Camaly

Graciela Hasper - Sin título
1992. Acrilico sobre tela. 180x120 cm

El lugar de la excepción y el no-todo femenino

Me interesa situar algunas referencias anteriores al Seminario 20 ya que la inexistencia de "La" mujer está planteada por Lacan con todas las letras en el Seminario 18, así como también, el cuestionamiento del falo a partir de la presencia del goce femenino. Lacan afirma:

Lo que muestra el mito del goce de todas las mujeres es que no hay todas las mujeres. No hay universal de la mujer. Esto es lo que plantea un cuestionamiento del falo, y no de la relación sexual, respecto de lo que ocurre con el goce que aquel constituye, puesto que dije que era el goce femenino.[1]

El mito de "Totem y tabú" tiene una función clave porque denota una imposibilidad estructural. Poseer a todas las mujeres solo tiene existencia a nivel del mito ya que es algo imposible. Por eso, la referencia al padre mítico inventado por Freud devela una "función radical" al permitir escribir la función lógica del "no-más-de-uno" que funda el lugar de la excepción ‒imaginarizado en el mito con la figura del padre totémico‒. Dicha excepción es necesaria y se sostiene en una existencia lógica de al menos uno que no estaría castrado y que permite constituir el conjunto de todos aquellos a los que no les está permitido acceder a ese goce. Se pueden extraer tres puntos para nuestra reflexión:

  1. Este al menos uno ‒el padre que goza de todas las mujeres‒ en el cual se sostiene la excepción es mítico, no real. Se trata de la existencia lógica de al menos uno para quien la castración no funciona.[2]
  2. En este mito, a diferencia del mito de Edipo, ya no se trata de la madre como objeto del deseo, sino de las mujeres en cuanto objetos de goce del padre y, por eso mismo, objetos prohibidos: "… ya no son pues las madres, sino las mujeres del padre como tales las que están concernidas por la prohibición".[3]
  3. El retorno al mito freudiano le permite a Lacan extraer de allí su lógica. La imposibilidad estructural de gozar de todas las mujeres impide escribir el universal de lo femenino: no hay todas las mujeres y, con ello, se perfila la inexistencia de La mujer.

Por eso, en otro pasaje Lacan dice:

La mujer llegado el caso, como este texto apunta a demostrar, quiero decir el en-sí de La mujer, como si se pudiera decir todas las mujeres, La mujer, insisto, que no existe, es justamente la letra ‒la letra en la medida en que es el significante de que no hay Otro, S (Ⱥ).[4]

Es fundamental percibir que el "existe al menos uno" ‒al que da cuerpo el mito freudiano y en el que se sostiene la excepción paterna‒ se distingue rigurosamente del no-todo femenino que instala la serie de "una por una"a partir de la relación singular con un goce suplementario.

Gozar de un cuerpo

"Gozar es gozar de un cuerpo"[5] afirma Lacan en el Seminario 19, antesala de las elaboraciones del año siguiente en torno a la lógica de la sexuación. Encontramos allí la distinción clara entre el goce sexual y el goce "a secas". El goce sexual, definido como "aquel que abre al ser hablante la puerta al goce", es articulado de manera directa a la función del falo (…x) ya que es el elemento fálico el que permite escribir la relación posible entre el significante y el goce, dándole al mismo un sentido sexual.

Pero el goce, cuando es tomado a secas, no es el goce sexual. Gozar es, simplemente, gozar de un cuerpo y eso no tiene ningún sentido. El sentido se agrega después como consecuencia del esfuerzo de interpretación por parte del sujeto en su lazo con el lenguaje.

Respecto del goce femenino tomamos en consideración la referencia clásica de Lacan para señalar aquello que concierne a la experiencia femenina de goce:

Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso sí lo sabe. Lo sabe, desde luego, cuando ocurre. No les ocurre a todas. [6]

Aquí, conviene hacer dos señalamientos:

  1. No hay saber en lo simbólico sobre este goce: hay un agujero en el saber.
  2. Sí hay un cierto saber sobre este goce: se siente en el cuerpo. Es un saber sin significación.

"La mujer es no-toda porque su goce es dual"[7]

Por consiguiente, se circunscribe el campo propio de un goce Otro, más allá del falo. Un goce opaco que concierne especialmente a las mujeres. El goce femenino se siente en el cuerpo, pero no tiene borde localizable en ninguna de las zonas erógenas. No tiene órgano. Se expande por el cuerpo todo, a veces se manifiesta por oleadas, bajo la condición de contigüidad. Parece no tener límite, tampoco tiene nombre.

Si bien la mujer participa de función fálica, Lacan señala que "la raíz del no-toda es que ella esconde un goce diferente del goce fálico, el goce llamado estrictamente femenino, que no depende en absoluto de aquel".[8] Eso hace que ella esté no-toda bajo la égida de la lógica fálica y, por eso mismo, su relación al goce es dual.

La introducción de la lógica del no-todo le permite a Lacan escribir el matema de la inexistencia de la mujer: Ł. Como consecuencia, el axioma de la no relación sexual pasa a ser leído en términos de diferencia radical entre los goces, más que como producto del malentendido discursivo.

De la potencia fálica del padre al no-todo femenino

A la altura del Seminario 17, Lacan produce un desplazamiento fundamental del mito a la estructura y reduce al padre mítico a un imposible.[9] El padre real, el "padre imposible" del mito freudiano, es una construcción del lenguaje. En ese imposible se funda la castración simbólica del goce absoluto y, a partir de allí, se instaura la causa del deseo articulada a la Ley. Siguiendo la orientación de Miller, esta operación puede ser reducida al efecto de lo simbólico sobre lo real y, por eso mismo, podemos sostener que "el padre muerto es el goce y su goce es el signo de lo imposible como tal".[10]

Sin embargo, no-todo el goce sucumbe bajo la marca paterna. Hay un goce del cuerpo que escapa a esta mortificación. La potencia dada al Nombre del Padre tropieza con el exceso de goce, excedente que da cuenta del fracaso del operador simbólico primordial. Se trata del "fracaso del Nombre del Padre" para negativizar el goce.[11] En consecuencia, la última enseñanza de Lacan comienza cuando el Nombre del Padre se declara en quiebra y se abre ante nosotros el espacio de un goce enigmático, formalizado a través del goce femenino.

En su último curso, Miller presenta dos hipótesis que conviene tomar en consideración ya que constituyen una brújula fundamental. En primer lugar, sostiene que el goce femenino le abre a Lacan las puertas de su última enseñanza y, en segundo lugar, afirma que paulatinamente Lacan generalizó el goce femenino hasta transformarlo en el goce en tanto tal.[12] Sin embargo, es Miller quien lo recorta y lo elabora, otorgándole un alcance inédito. En este sentido, se puede considerar que es la operación de Miller sobre Lacan la que con­sagra al goce femenino como goce en tanto tal y reconduce a la práctica analítica hacia lo que de ese goce no se cura.[13] Esta brújula permite leer lo femenino más allá del posicionamiento del sujeto con relación a la sexualidad y comprender que el goce femenino es, finalmente, el goce del cuerpo a secas.

Se percibe entonces que "aquello que Lacan llamaba principio femenino puede entonces generalizarse a todos los hombres y se aclara como el principio de un goce que se sostiene más allá del sentido fálico",[14] en la medida en la que es la sexualidad femenina la que permite que se perciba mejor la relación del sujeto con el goce indecible, sin nombre, sin imagen ni razón.

El próximo Congreso de la AMP nos permitirá cernir los alcances sorprendentes que tiene la orientación dada por Miller a la última enseñanza de Lacan y percibir su enorme valor como instrumento de orientación para la práctica del psicoanálisis en nuestra época.

El presente texto retoma algunos de los desarrollos presentados en la Noche del Directorio de la Sección de la EOL de La Plata el 30 de junio de 2021 sobre el tema «El no-todo y la excepción».

NOTAS

  1. Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 64.
  2. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 35 y sgtes.
  3. Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, op. cit., p. 148.
  4. Ibíd., p. 101.
  5. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, op. cit., p. 31.
  6. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun,Paidós, Buenos Aires,1975, p. 90.
  7. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, op. cit., p. 101.
  8. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun, op. cit., p. 101
  9. Lacan, J., capítulo "Del mito a la estructura", El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1975.
  10. Camaly, G., Los impasses de la feminidad. Goces y escrituras, Grama, Buenos Aires, 2017, p. 97.
  11. Miller, J.-A., El lugar y el lazo, Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 80.
  12. Miller, J.-A. y Di Ciaccia, A., capítulo 5, "Il godimento femminile è il godimento in quanto tale", L'Uno-tutto-solo, L'orientamento lacaniano, Astrolabio, Roma, 2018.
  13. Camaly, G., Los impasses de la feminidad…, op. cit., p. 131.
  14. Alberti, C., La mujer no existe, Argumento de la próxima Gran Conversación Virtual Internacional de la AMP a celebrarse del 31 de marzo al 3 de abril de 2022 [en línea]. Disponible en https://www.grandesassisesamp2022.com/es/la-femme-nexiste-pas-2/